La importancia de un apego seguro para ser un niño feliz

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El apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres, o con las personas que los cuidan, y que le proporciona la seguridad emocional: el sentirse aceptado y protegido incondicionalmente, características indispensables para un buen desarrollo de la personalidad.

La tesis fundamental de la Teoría del Apego, formulada por el psicólogo John Bowlby, es que el estado de seguridad, ansiedad o temor de un niño se determina en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto, persona con que se establece el vínculo. De este modo, todos los bebés intentan crear un vínculo con las personas que se encargan de cuidarles, incluso con aquellas, que no son muy afectuosas y va más allá de la necesidad de ser alimentado. El bebé desde su nacimiento desarrolla unos comportamientos para buscar la proximidad de la madre, ya sea a través del llanto, las sonrisas reflejas, la succión, el balbuceo porque necesita ser aceptado y protegido sin condiciones.

El hecho de conseguir un apego fuerte, débil o inexistente provocará diferencias que durarán toda la vida. Los bebés que crean un apego seguro y saludable ven a sus padres o cuidadores como una fuente ayuda y de consuelo y una base sólida y segura desde la que pueden explorar el mundo y jugar. Estos bebés echan de menos a sus cuidadores cuando se van y se sienten aliviados cuando regresan. Gracias a una fuerte base emocional basada en la confianza, se vuelven adultos seguros, competentes y bondadosos.

¿Cómo podemos establecer unas pautas para llegar a un apego seguro?

Gracias a la Teoría del apego de Bowlby podemos establecer unas pautas para llegar a esta vinculación emocional:

– Debemos buscar una estimulación positiva basada en el cariño, la disposición y la atención.
– Ser padres sensibles a los estímulos que nos pueda mandar nuestro bebé, entendiendo las señales que nos intenta transmitir y creando un ambiente positivo y de confianza.
– Buscar la estabilidad en las rutinas del bebé, lo que le dará confianza y seguridad en sí mismo.
Ante un mismo estímulo del bebé intentar dar una misma reacción, en la medida de lo posible, para no crear confusión en el pequeño. De esta forma el pequeño sabrá que señales mandarnos para lograr cada una de las necesidades que precisa satisfacer.

El que un niño presente un apego seguro tiene mucho que ver en el hecho de que se sienta feliz. Para poder lograrlo somos los padres y familiares directos los primeros que debemos proporcionarlo. Así el día de mañana cuando acuda a una escuela infantil o al colegio le ayudaremos a que su adaptación sea mejor, puesto que tendrá la confianza de que volveremos a recogerlo e irá perdiendo rápidamente ese miedo al abandono tan típico en estos primeros días.

Los pequeños que consiguen un apego seguro antes de los dos años son niños que en el colegio se han manifestado más empáticos, más sociales, más competentes. También con muchos más amigos que los que han desarrollado un apego inseguro.

Patrón o tipos de apego:

Apego Seguro: El apego seguro se da cuando la persona que cuida demuestra cariño, protección, disponibilidad y atención a las señales del bebé, lo que le permite desarrollar un concepto de sí mismo positivo y un sentimiento de confianza. En el dominio interpersonal, las personas seguras tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el dominio intrapersonal, tienden a ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismo.

Apego Ambivalente/Resistente: Responden a la separación con angustia intensa y mezclan comportamientos de apego con expresiones de protesta, enojo y resistencia. Debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales de sus cuidadores, estos niños no tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de sus cuidadores. El niño siempre se siente ansioso porque la disponibilidad del cuidador nunca es consistente.

Apego Evitativo: El apego evitativo se da cuando el cuidador deja de atender constantemente las señales de necesidad de protección del niño, lo que no le permite el desarrollo del sentimiento de confianza que necesita. Se sienten inseguros hacia los demás y esperan ser desplazados sobre la base de las experiencias pasadas de abandono. El niño siente que no hay apego, por lo tanto el niño es rebelde y tienen baja autoimagen y autoestima.

Apego Desorganizado: El cuidador ante las señales del niño tiene respuesta desproporcionadas y/o inadecuadas, incluso en su desesperación, al no poder calmar al niño, el cuidador entra en procesos de disociación. Esta conducta del adulto desorienta al niño y no le da seguridad y le genera ansiedad adicional y comportamientos contradictorios.

Los padres deben conocer los factores que afectan a la formación y desarrollo del vínculo de apego entre madre e hijo y vienen determinados, principalmente, por la respuesta de los padres ante los estímulos emocionales del bebé. El modo y la forma en que los padres responden a las necesidades emocionales de sus hijos son la base del posterior desarrollo y adaptación emocional de los niños.

Las relaciones emocionales marcadas por la buena contestación, la intensidad y cualidad de los padres a las reacciones emocionales del niño, determinaran la seguridad y firmeza del vínculo de apego y consecuentemente, las relaciones entre el niño y la madre. Esto condicionará el vínculo afectivo y de comportamiento del niño.

Por ello, los padres deben tener sumo cuidado en sus primeras relaciones con el bebé y han de entender la importancia que tiene para el futuro del niño dicha relación, además de la necesidad de conseguir un vínculo de apego seguro y estable con su hijo en los dos primeros años de vida.

La personalidad es el resultado de la negociación entre las cualidades temperamentales o innatas del niño (sensibilidad, sociabilidad, cambios de humor,…) y las experiencias que el niño en desarrollo afronta tanto en el seno de su familia como con sus compañeros. La herencia genética tiene un profundo impacto sobre nuestro desarrollo, determinando las características innatas de nuestro sistema nervioso y el modo en que reaccionaremos con las otras personas. Por su parte, la experiencia también influye directamente en el desarrollo infantil, ya que es capaz de activar determinados genes y, en consecuencia, de modelar nuestra estructura cerebral. Para el desarrollo óptimo de los niños, la naturaleza (la genética) necesita de la cultura (la experiencia). De ese modo los genes y la experiencia colaboran estrechamente para llegar a modelar quienes somos.

Fuente imagen: familiayadopcion.com

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