Celebra la Navidad con los poemas infantiles de Gabriela Mistral

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La Navidad es un momento mágico para todos, por eso no es de extrañar que los grandes poetas, receptores de los más sublimes sentimientos, se hagan eco de este momento especial para plasmarlo en sus creaciones. Los versos, entonces, se llenan de magia y palabras únicas que nos acercan a ese ambiente en el que, más allá del sentimiento religioso, nos sentimos invadidos por un latido distinto en el que, al parecer, la bondad nos inunda de parte a parte.

Una forma estupenda de celebrar estos días con los niños es a través de la poesía. La poesía infantil es un vehículo estupendo para que los niños crezcan en sensibilidad y aprendan que, más allá de las palabras planas de un libro, también existe un corazón transparente capaz de transmitir todo ese profundo mensaje. Ya vimos como una de las expertas en poesía infantil es nuestra querida Gloria Fuertes, pero en el mundo existen otros muchos poetas y poetisas que han sabido acercarse al mundo de los niños con especial delicadeza. Una de ellas es Gabriela Mistral.

Gabriela Mistral es una poetisa chilena que consiguió ser Premio Nobel de Literatura, es tal su fama y se le quiere tanto en su tierra, que ha sido nombrada como «La Madre de América». De ella he escogido algunos de sus poemas infantiles que hacen referencia a la Navidad.

estrella-de-navidad

ESTRELLA DE NAVIDAD

La niña que va corriendo
atrapó y lleva una estrella.
Va que vuela y va doblando
matas y bestias que encuentra.
Ya se le queman las manos
se cansa, trastabillea,
tropieza, cae de bruces,
y con ella se endereza…
No se le queman las manos,
ni se le rompe la estrella
aunque ardan desde la cara
brazos, pecho, cabellera.
Llamea hasta la cintura
la gritan y no la suelta,
manotea sancochada,
pero no suelta la estrella.
-Como que la va sembrando
que la zumba y la volea.
Como que se le deshace
y se queda sin estrella.
No fue que cayó, no fue.
Era que quedó sin ella
y es que ya corre sin cuerpo,
trocada y vuelta centella.
Como que el camino enciende
que nos arden las trenzas
y todos la recibimos
porque arde toda la Tierra.

el establo

EL ESTABLO

Al llegar la medianoche
y al romper en llanto el Niño,
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo.
Y se fueron acercando,
y alargaron hasta el Niño
los cien cuellos anhelantes
como un bosque sacudido.
Bajó un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos
como llenos de rocío.
Una oveja lo frotaba,
contra su vellón suavísimo,
y las manos le lamían,
en cuclillas dos cabritos…
Las paredes del establo
se cubrieron sin sentirlo
de faisanes, y de ocas,
y de gallos, y de mirlos.
Los faisanes descendieron
y pasaban sobre el Niño
la gran cola de colores;
y las ocas de anchos picos
arreglábanle las pajas;
y el enjambre de los mirlos
era un velo palpitante
sobre del recién nacido…
Y la Virgen, entre cuernos
y resuellos blanquecinos,
trastocada iba y venía
sin poder coger al Niño.
Y José llegaba riendo
y acudir a la sin tino.
Y era como bosque al viento
el establo conmovido…

Fuente | «Poesía Infantil de Gabriela Mistral» (Editorial Andrés Bello, 1993)
Imágenes | Gobierno de Canarias, Cuentos para niños y Nuestro Padre Jesús de Arriate
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