El prodigioso cerebro de los bebés

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El cerebro del bebé contiene todas las estructuras de un cerebro adulto, pero es inmaduro. Esto quiere decir, en parte, que puede desarrollarse en muchas direcciones. Esta inmadurez es la que hace posible que los bebés puedan aprender cualquier idioma con perfecto acento, en función del lugar en el que nacen. La inmadurez del bebé le permite una mejor adaptación y le confiere una mayor capacidad de aprendizaje.

El cerebro cuenta con varias estructuras, podemos distinguir dos hemisferios. Cada hemisferio percibe la realidad de una forma distinta. El hemisferio izquierdo está gobernado por el pensamiento lógico y analítico, engloba las matemáticas y el habla. El hemisferio derecho funciona con un pensamiento intuitivo y global, alberga la imaginación y la creatividad. En ocasiones se habla de ellos como el hemisferio racional y el hemisferio emocional, unidos por el cuerpo calloso, lo que nos permite actuar de manera unitaria, coordinada y coherente.

El cerebro se desarrolla de derecha a izquierda. Al nacer se tiene más activo y desarrollado el hemisferio derecho( el pensamiento global e intuitivo), que regirá su vida durante varios años, mientras se desarrolla el izquierdo. Esto permite al bebé comprender las situaciones y hace que esté a merced de sus emociones: siente y empatiza con nosotros.

El cerebro del recién nacido está formado por unos 100.000 millones de neuronas. La clave del funcionamiento del sistema nervioso está en las conexiones que se establecen entre ellas. Durante los primeros años de vida se pueden crear entre 30.000 y 50.000 conexiones neuronales por segundo y por cm2. Cada estímulo y cada experiencia generan conexiones neuronales que van afianzando los circuitos conforme se repiten las experiencias. También hay periodos en los que el cerebro se deshace de las conexiones que no le son útiles, quedando en la edad adulta una media de 10.000 conexiones por neurona.  

Es muy importante saber que existen periodos sensibles en los que el niño tiene facilidad para aprender lo que le es propio en cada momento y por ello debemos diferenciar dos cosas:

1. Observar directamente al bebé y ofrecerle los estímulos que está listo para recibir.

2. No pedir a los niños lo que aún no pueden hacer o pensar que lo pueden aprender todo en cualquier momento de su desarrollo. El niño aprende cuando esta preparado, no podemos acelerar ciertos procesos, ni ignorar las señales cuando llega el momento.

Cómo estimularle

Los estímulos más adecuados hasta los seis años son los sensoriales y motores, ofrecidos en un cálido ambiente de cariño y amor. Son los que van configurando sus vías neuronales.

Pero ¿cómo reconocemos los estímulos adecuados? Ofreciendo al bebé experiencias, sin saturarlo ni obligarlo. Basta con observar al bebé, él te dará muchas pistas:

– En los primeros meses podemos repetir todo lo que le gusta y llama su atención: mirarle a los ojos, mecerle, sonreírle, hablarle mucho, cantarle, abrazarle, besarle…

– Cuando el bebé se vuelve más interactivo, expresa lo que quiere. Cuando ponemos varios objetos a su alcance, él mismo se encarga de coger lo que necesita, investigarlo y entenderlo. Pero siempre preferirá el aprendizaje y la diversión con nosotros.

Todos los estímulos y experiencias placenteras que le ofrecemos le ayudan a configurar su cerebro, por lo que  los genes condicionan la inteligencia del niño, pero su desarrollo depende de los estímulos.

Fuente: drgen.com.ar

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