Jugar y jugar en la calle, que todavía son niños

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¿En vuestras ciudades siguen jugando los niños en la calle?, alguna plaza hay por el centro en la que, con el buen tiempo, es frecuente verlos. Son unos pocos lugares muy concretos y acotados, siempre bajo vigilancia adulta y con poca libertad de movimientos.

En los pueblos y ciudades más pequeñas me consta que esa costumbre no se ha perdido y es más frecuente ver a los niños jugar a su aire. Pero me gustaría saber si, incluso en esos pueblitos, sucede con la misma libertad de movimientos que treinta años atrás.

No sé si efectivamente es ahora más peligroso que antes o si somos los padres los que, con tanto suceso y serie de televisión yanqui en la que los niños son siempre objeto de deseos malsanos, estamos exagerando, pero se está perdiendo algo que los expertos consideran vital, y es jugar en la calle, con los amigos, vecinos, etc.

Hace algunas décadas, los niños salían de la escuela, pasaban por casa a recoger la merienda y se marchaban a jugar a la calle con amigos y vecinos hasta la hora de hacer los deberes y cenar.

Hoy, salen de clase y meriendan rápido mientras se cambian de ropa (muchas veces sobre la marcha, en el coche) o de mochila en función de si les toca ir a hacer deporte, a aprender inglés o a tocar un instrumento. “Para que pierdan el tiempo en casa, jugando o viendo la tele, mejor que aprendan algo o que hagan deporte”, defienden muchos padres.

Pero jugar, según enfatizan los expertos, no es perder el tiempo. Muy al contrario, es un tiempo fundamental para el aprendizaje, una inversión de futuro, y la carencia de tiempo de juego tiene consecuencias indeseables.

No es sólo que una agenda repleta actividades organizadas de 8 o 9 de la mañana a 8 de la tarde, de lunes a viernes y con extensiones el fin de semana (partidos, exhibiciones, etc) esté teniendo como resultado niños estresados, empachados de información y actividad, con dificultades para concentrarse o para la lectura, incapaces de disfrutar del momento y siempre preocupados por la siguiente actividad, por la próxima novedad… Es también que unos chavales absolutamente planificados y dirigidos por adultos no saben qué hacer y se aburren si alguien no les organiza el tiempo o el juego, tienen poca capacidad de decisión, escasa creatividad y nula propensión a inventar o descubrir, y les resulta difícil relacionarse, negociar con sus iguales, trabajar en grupo, autorregularse o resolver sus problemas solos.

Dejemos que los niños jueguen, que vaya a los parques, a las plazas de los pueblos, a las zonas abiertas de las urbanizaciones, que se relacionen, que no estén las agendas tan organizadas por los padres.

Somos conscientes que quizás las calles de ahora no son las de antes, que pueden existir más peligros para nuestros hijos, pero existen parques, donde los niños aprenden a relacionarse y a jugar al aire libre. Hay que huir de las agendas exageradamente organizadas con excesivas actividades y de los planes caseros delante de la tv, ordenador o consola.

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