Teatro Apolo

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El teatro fue inaugurado el 23 de marzo de 1873, con función de la compañía del actor Manuel Catalina.1 Su propósito era representar comedia española, pero atravesó momentos difíciles en sus comienzos, debida a su relativa lejanía del entonces centro de la ciudad y al excesivo precio de sus entradas (18 reales).

A pesar de ello, el Apolo se convirtió en uno de los teatros más emblemáticos del Madrid de la Restauración, al reorientarse, unos diez años después de su inauguración, a la zarzuela. Gracias a ello, se convirtió en la «catedral del género chico». Allí se estrenaron las primeras zarzuelas musicales y algunas de las piezas más conocidas del género, como El lucero del alba (1879), La verbena de la Paloma (1894), La Revoltosa (1898), Doloretes (1901), El trust de los tenorios (1910), o Doña Francisquita (1923).

Por allí pasaron los mejores actores del siglo XIX y principios del XX: las familias Mesejo, Videgaín, Ibáñez, Sagi, Isabel Brú, Pilar Vidal, Manolo Rodríguez, Luisa Campos, Vicente Mauri…
El Apolo fue considerado el auténtico baluarte del género chico, muy conocido porque se popularizó su cuarta sesión, «la cuarta de Apolo», que era en horario nocturno y estaba siempre poblada de personajes de dudosa calaña y auténticos sinvergüenzas y fulleros a la altura de los propios personajes que se representaba en las obras

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