Mononucleosis en niños: la enfermedad del beso

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La mononucleosis o la llamada “enfermedad del beso” es una afección vírica causada por el virus de Epstein – Barr, de la familia del virus herpes simplex. Se transmite principalmente por el intercambio de saliva: al beber del mismo vaso o de la misma botella, a través de besos,  tos, estornudos o al compartir bebida y comida con otros niños. Los síntomas son muy amplios y la infección en ocasiones puede no ser diagnosticada. Los síntomas más comunes en niños son: fiebre, inflamación de las amígdalas que simulan una amigdalitis purulenta, inflamación de los ganglios en todo el cuerpo, sobre todo los del cuello, inflamación del hígado y el bazo. Los niños pequeños tienden a presentar más manchas en la piel, disminución de los glóbulos blancos y neumonías que los adultos. Por lo general no es una enfermedad grave, aunque puede ser de larga duración hasta que el niño se encuentre completamente bien.

El tiempo durante el cual una persona con la enfermedad puede contagiar a otra varía, las personas pueden ser contagiosas mientras tengan los síntomas (la fiebre normalmente cede en 10 días y tanto la inflamación de los linfonodos como la del bazo se curan en un mínimo de 4 semanas o en unos cuantos meses después, incluso llegando a alcanzar el año). Para diagnosticar la enfermedad es necesario realizar un frotis bucofaríngeo para encontrar anticuerpos, algo que suele dar negativo en los menores de 4 años. También puede diagnosticarse mediante un hemograma tras un análisis de sangre, y el periodo de incubación de la enfermedad es de 30 a 50 días.

El virus se elimina por sí solo, pero es necesario tratar las molestias que ocasiona, y para ello el pediatra pautará las indicaciones a seguir, aunque en la mayoría de los casos no se necesita otro tratamiento diferente al reposo, la ingesta abundante de líquidos y la toma de ibuprofeno o paracetamol u otro agente antipirético para disminuir la fiebre, una dieta blanda o rica en líquidos dependiendo de si el niño tiene problemas intestinales, fiebre u otro síntoma. El niño deberá permanecer en reposo en la cama durante dos o tres semanas y después en casa. Debe descansar mucho y no puede hacer deporte ni ejercicio físico durante un mes. Un riesgo de complicación de esta enfermedad es la rotura del bazo, al estar inflamado puede producirse por un golpe, es el principal motivo por el que el niño debe estar relajado.

Aunque son raras las ocasiones , el virus puede complicarse derivando en enfermedades más graves como la meningitis o la encefalitis. Por eso es importante que un pediatra estudie al niño para hacer un diagnóstico lo más preciso posible. Igual de importante es seguir las recomendaciones que nos dé y respetar las dosis y los tiempos de los medicamentos. Una vez que el niño pase la enfermedad, tendrá el virus en su organismo toda la vida aunque no volverá a enfermar.

Fuente imagen:www.ecosperiodico.com

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