Solo quiere que mamá le ayude

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Cuando se van acercando los dos años, de repente el niño empieza a desarrollar una preferencia por estar con su mamá. No se suelta de su mami y rechaza a papá. Solo quiere que mamá le ayude, que mamá le bañe, que mamá le vista, que mamá le ayude a comer y el pobre papá ya está cansado de tanto desplante. Aún así papás, no debéis tomároslo tan a pecho. Los niños cambian mucho, y es normal que se sientan más cerca de uno u otro progenitor en función de la etapa evolutiva en la que se encuentran.

Además en el momento de expresar su preferencia, los niños tampoco saben que su comportamiento conlleva un daño al papá rechazado, ya que en su fantasía, tienen claro que quieren a su padre y no conciben que pueda sufrir. En el fondo el niño no manifiesta un rechazo hacia su padre, si no que está pasando por una etapa en la que su madre es la única persona que le hace sentir totalmente seguro. Ella es su figura de apego, la plataforma desde la que va a lanzarse a explorar otras relaciones.

Pero ¿cómo actuar ante estas situaciones?

Por un tiempo el preferido por el niño debe ceder las actividades que más divierten al niño, las que más gustan al peque, al papá que pasa menos tiempo con el niño: por ejemplo, el momento del baño, salir al parque o el cuento de antes de dormir. Los fines de semana son momentos ideales para buscar un ratito para los dos solos compartiendo una actividad divertida.

¿Y si el pequeño se niega a realizar esas actividades?

No es conveniente forzar la situación, así que si el niño exige que solo le bañe mamá, el primer día mamá le meterá en la bañera y después papá jugará con él en el agua; más tarde, mamá puede pedirle que le saque de la bañera porque ella tiene que ir a poner la mesa o a contestar el teléfono, y así sucesivamente. Lo importante es ir poco a poco, pero al niño le tiene que quedar claro que hay cosas que tiene que hacer con el «no preferido», porque es su padre y porque él sabe mejor que nadie lo que necesita. Se trataría de buscar el equilibrio entre forzar (que no es recomendable) y ceder a las exigencias del pequeño (que tampoco lo sería).

Hay momentos en los que estas situaciones se dan con más frecuencia:

La llegada de un hermano, pueden descolocar su mundo. El único método que conocen para llamar la atención es dejar que todos sus cuidados (desayuno, lavado de dientes, hora de dormir…) recaigan únicamente en manos de la madre. De hecho, para el niño, es su mamá la que se ha olvidado de él.

Incorporación de mamá al trabajo o del pequeño a la guardería: después de pasar tanto tiempo con mamá es importante ir preparando al niño para la separación. En cuanto entiendan que es una separación temporal y que mamá vuelve se calmará.

Una nueva cuidadora: la llegada de una persona nueva a casa requiere su tiempo. Al principio debemos entender que para el niño se trata de una desconocida con la que deberá quedarse gran parte de su tiempo. Cuando empiece a ser una persona conocida, que le da cariño y con la que se divierte, entonces se sentirá más tranquilo.

Un cambio de casa: una mudanza también es una situación de inseguridad para los más pequeños y esto puede provocarles una necesidad de sentirse seguros, y a estas edades lo más seguro es que se tiren a los brazos de mamá.

Pero todo esto solo es una etapa en la que aún se muestra inseguro y, de momento, con mamá le resulta todo más fácil. Por eso es importante no darle mucha importancia a frases como: ‘Contigo no, con mamá’, y actuar como si nada hubiera pasado.

Con el tiempo, cariño y paciencia todo se pondrá en su sitio.

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